Kael, un guardia débil y sin gloria del Reino de Beltom, vivía a la sombra del desprecio y el olvido. Movido por la desesperación, huyó al maldito Bosque de los Susurros, donde realizó un ritual prohibido y selló un pacto con el demonio Zaurgath, entregando su alma a cambio de poder. Su cuerpo ardió, su carne se quebró, y su vieja armadura se fundió en su piel, transformándose en una carcasa demoníaca de rojo y negro, viva, palpitante, como si el infierno mismo lo vistiera. Renació como el...