David Carrasco's Reviews > Blonde
Blonde
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¿Y si Marilyn Monroe nunca hubiera existido?
No hablo de la persona, de Norma Jeane, sino del mito. ¿Qué pasaría si desmontamos la fantasía de Hollywood y nos quedamos solo con la mujer, con su cuerpo y su alma despojadas de la leyenda? Joyce Carol Oates hace exactamente eso en Blonde, y el resultado no solo desgarra, sino que pone un espejo brutal ante nosotros: los consumidores de ídolos, los devoradores de estrellas caídas.
Olvídate de la típica biografía novelada. Blonde no es un reflejo fiel de la vida de Marilyn Monroe, sino una ficción literaria que usa su historia como un lienzo para pintar algo mucho más feroz. Oates nos sumerge en la vida de Norma Jeane Baker, la niña que se convirtió en el mayor símbolo sexual del siglo XX, pero lo hace desde dentro, con una voz íntima y desgarradora. No estamos ante la diosa de la pantalla, sino ante la mujer atrapada en su reflejo.
Pero, ¿es Blonde realmente una mirada inédita sobre Marilyn Monroe, o simplemente otra capa más sobre la tumba de un mito ya saturado? Hay algo curioso en la manera en que Joyce Carol Oates la presenta: no como una mujer real, sino como un concepto, casi como una ideología en sí misma.
Porque esta no es una biografía que busca desvelar al ser humano detrás del icono. No. Oates no tiene interés en eso. Aquí Marilyn es un símbolo, una víctima construida desde el principio hasta el final, casi como una estatua de mármol en un museo, de esas que miramos y creemos conocer. Pero, si somos honestos, ¿cuánto realmente sabemos sobre ella? ¿La conocemos de verdad, o solo conocemos la imagen de una mujer que nunca pudo ser nada más que la "rubia tonta" en la que el mundo la encasilló? Porque, como dice un fotógrafo de modelos en la novela: “Su problema no residía en que fuera una rubia tonta, sino en que no era ni rubia ni tonta.”
Ahora bien, ¿está Oates aprovechándose de la figura de Marilyn para construir una historia sensacionalista o, por el contrario, está desnudando el mismo proceso de explotación al que fue sometida la estrella? Aquí es donde la novela toma un giro fascinante. Lo que parece ser una historia morbosa y llena de chismes es, en realidad, un espejo roto que refleja la superficialidad con la que tratamos a los iconos. Oates no se queda en la superficie; nos arrastra al mismo abismo en el que Marilyn fue atrapada. Y lo hace de manera tan astuta que, al final, te das cuenta de que el mito que estamos leyendo no es el de Marilyn Monroe, sino el nuestro. Porque, en nuestra obsesión por la tragedia, seguimos alimentando estos monstruos de culto.
Así que sí, Oates juega con el sensacionalismo, pero con una intención mucho más profunda: mostrarnos cuán fácil es caer en el mismo juego que condenamos. Y eso, amigos, es una crítica tan afilada como el cristal de un espejo que nunca deja de reflejarse.
Y luego están ellos, los hombres que orbitan alrededor de Norma Jeane como si fueran astros fijos en una constelación predestinada. El Exdeportista, El Dramaturgo, El Presidente. No son nombres, son títulos, porque en esta historia ellos también son símbolos, aunque todos sabemos a qué personaje de carne y hueso se refieren. Está el gran deportista que quería salvarla a golpes (Joe DiMaggio). Está el presidente que la usa y la olvida con la misma rapidez con la que la reduce a un susurro en una habitación de hotel (sí, JFK, hablo de ti). Está el escritor que intentó comprenderla (Arthur Miller).
Y luego están los otros, los que sí tienen nombre: los hijos de Chaplin y de Edward G. Robinson, los jóvenes con los que jugó a encontrar el amor antes de saber que el amor nunca la encontraría a ella. Oates los moldea a todos como piezas de una tragedia griega, sin dejar espacio para héroes. Porque aquí no hay salvadores. Solo roles asignados en un guion que Norma Jeane nunca escribió.
Oates manipula la realidad y la ficción con una precisión despiadada. Aquí no hay una Marilyn Monroe, hay muchas: la niña abandonada, la aspirante temerosa, la amante desesperada, la actriz brillante que nunca fue tomada en serio, la mujer que aprendió a encarnar el deseo de los demás sin saber cómo desearse a sí misma. Lo que hace a la novela tan demoledora es que Oates no nos deja escapar con excusas como "así era la época" o "así funciona la fama". No. Blonde nos pone frente a nuestra propia culpa.
Porque si Marilyn Monroe existió, fue porque el mundo la necesitó. Y si dejó de existir, fue porque el mundo dejó de necesitarla.
La escritura de Oates en esta novela es febril, poética, inmisericorde. La estructura fragmentada no es un capricho: es el reflejo de una identidad rota. Pero no es solo Marilyn la que se deshace en pedazos aquí, también lo hace la narración misma. Hay momentos en los que la voz de Norma Jeane parece desvanecerse y, en su lugar, irrumpen otras voces con su propia versión de los hechos. Hombres que creen haberla entendido, que proyectan en ella lo que desean ver, que hablan por ella en un coro de ecos deformados. Es una historia contada como un sueño febril, un rompecabezas en el que siempre falta una pieza. Porque, al final, ¿quién tiene derecho a completar su historia? ¿Oates? ¿Nosotros? ¿Hollywood?
Leer Blonde es como ver una película que se derrite en la pantalla, que avanza y retrocede sin darnos el control del mando. Nos mete en la cabeza de Norma Jeane y nos obliga a vivir su confusión, su vértigo, la sensación de estar atrapada en un personaje que ya no puede abandonar.
Pero no nos engañemos: aquí Hollywood no es solo un escenario, es un depredador. Es la gran bestia que se alimenta de cuerpos jóvenes y los escupe cuando han perdido su brillo. La novela no deja dudas sobre el poder de la industria para fabricar ídolos, explotarlos y luego destruirlos con la misma indiferencia con la que cambia la cartelera. Y eso es lo más perturbador de todo: que la historia de Marilyn no es solo la historia de Marilyn. Es la historia de un sistema que sigue funcionando exactamente igual. O, en sus propias palabras: “Yo no era una vagabunda ni una puta. Sin embargo, querían verme de ese modo. Supongo que no podían venderme de ninguna otra manera. Y yo entendía que tenían que venderme. Porque entonces me desearían y amarían.”
Sabemos cómo termina la historia. Pero Oates logra lo imposible: que el desenlace nos golpee como si no lo supiéramos. Porque cuando llegamos ahí, ya no estamos viendo a Marilyn Monroe. Estamos viendo a Norma Jeane. Y lo peor de todo es que, en el fondo, sabemos que nunca tuvimos la oportunidad de conocerla. No porque ella no quisiera mostrarse, sino porque nosotros nunca estuvimos dispuestos a mirar.
¡Ah, que has visto la película de Blonde en Netflix con Ana de Armas! Y piensas que ya conoces la historia, ¿verdad? Bueno, déjame decirte algo: la novela de Joyce Carol Oates es un animal completamente diferente.
Mientras que la película ofrece una interpretación visual impactante, la novela te sumerge en la psique de Norma Jeane de una manera que ninguna pantalla puede capturar. Oates te lleva por un viaje literario que desentraña las múltiples capas de identidad, explotación y mito que rodearon a Marilyn Monroe. Es una experiencia íntima y desgarradora que te hace cuestionar todo lo que creías saber sobre este icono. Si la película te dejó con preguntas o ganas de más, la novela Blonde es la llave para profundizar en el verdadero laberinto que fue la vida de Norma Jeane. No te conformes con la superficie; adéntrate en las páginas y descubre la complejidad que solo la pluma de Oates puede ofrecer.
Así que, a estas alturas, seguramente te preguntarás: ¿vale la pena leer las casi 1.000 páginas de Blonde? Pues mira, sí, pero solo si estás dispuesto a dejarte sacudir. No es una lectura ligera ni amable. Es un puñetazo disfrazado de novela. Pero si alguna vez has sentido fascinación por la historia de Marilyn Monroe o por el lado oscuro del sueño americano, esta es una de las novelas más perturbadoramente hermosas que puedes leer.
Así que sí, Blonde vale la pena. Porque al final, aunque Marilyn Monroe nunca haya existido, Norma Jeane sí. Y aunque esta no sea su historia con precisión documental, es quizá la más verdadera en lo que realmente importa: el abismo emocional de una mujer atrapada en su propio reflejo.
No hablo de la persona, de Norma Jeane, sino del mito. ¿Qué pasaría si desmontamos la fantasía de Hollywood y nos quedamos solo con la mujer, con su cuerpo y su alma despojadas de la leyenda? Joyce Carol Oates hace exactamente eso en Blonde, y el resultado no solo desgarra, sino que pone un espejo brutal ante nosotros: los consumidores de ídolos, los devoradores de estrellas caídas.
Olvídate de la típica biografía novelada. Blonde no es un reflejo fiel de la vida de Marilyn Monroe, sino una ficción literaria que usa su historia como un lienzo para pintar algo mucho más feroz. Oates nos sumerge en la vida de Norma Jeane Baker, la niña que se convirtió en el mayor símbolo sexual del siglo XX, pero lo hace desde dentro, con una voz íntima y desgarradora. No estamos ante la diosa de la pantalla, sino ante la mujer atrapada en su reflejo.
Pero, ¿es Blonde realmente una mirada inédita sobre Marilyn Monroe, o simplemente otra capa más sobre la tumba de un mito ya saturado? Hay algo curioso en la manera en que Joyce Carol Oates la presenta: no como una mujer real, sino como un concepto, casi como una ideología en sí misma.
Porque esta no es una biografía que busca desvelar al ser humano detrás del icono. No. Oates no tiene interés en eso. Aquí Marilyn es un símbolo, una víctima construida desde el principio hasta el final, casi como una estatua de mármol en un museo, de esas que miramos y creemos conocer. Pero, si somos honestos, ¿cuánto realmente sabemos sobre ella? ¿La conocemos de verdad, o solo conocemos la imagen de una mujer que nunca pudo ser nada más que la "rubia tonta" en la que el mundo la encasilló? Porque, como dice un fotógrafo de modelos en la novela: “Su problema no residía en que fuera una rubia tonta, sino en que no era ni rubia ni tonta.”
Ahora bien, ¿está Oates aprovechándose de la figura de Marilyn para construir una historia sensacionalista o, por el contrario, está desnudando el mismo proceso de explotación al que fue sometida la estrella? Aquí es donde la novela toma un giro fascinante. Lo que parece ser una historia morbosa y llena de chismes es, en realidad, un espejo roto que refleja la superficialidad con la que tratamos a los iconos. Oates no se queda en la superficie; nos arrastra al mismo abismo en el que Marilyn fue atrapada. Y lo hace de manera tan astuta que, al final, te das cuenta de que el mito que estamos leyendo no es el de Marilyn Monroe, sino el nuestro. Porque, en nuestra obsesión por la tragedia, seguimos alimentando estos monstruos de culto.
Así que sí, Oates juega con el sensacionalismo, pero con una intención mucho más profunda: mostrarnos cuán fácil es caer en el mismo juego que condenamos. Y eso, amigos, es una crítica tan afilada como el cristal de un espejo que nunca deja de reflejarse.
Y luego están ellos, los hombres que orbitan alrededor de Norma Jeane como si fueran astros fijos en una constelación predestinada. El Exdeportista, El Dramaturgo, El Presidente. No son nombres, son títulos, porque en esta historia ellos también son símbolos, aunque todos sabemos a qué personaje de carne y hueso se refieren. Está el gran deportista que quería salvarla a golpes (Joe DiMaggio). Está el presidente que la usa y la olvida con la misma rapidez con la que la reduce a un susurro en una habitación de hotel (sí, JFK, hablo de ti). Está el escritor que intentó comprenderla (Arthur Miller).
Y luego están los otros, los que sí tienen nombre: los hijos de Chaplin y de Edward G. Robinson, los jóvenes con los que jugó a encontrar el amor antes de saber que el amor nunca la encontraría a ella. Oates los moldea a todos como piezas de una tragedia griega, sin dejar espacio para héroes. Porque aquí no hay salvadores. Solo roles asignados en un guion que Norma Jeane nunca escribió.
Oates manipula la realidad y la ficción con una precisión despiadada. Aquí no hay una Marilyn Monroe, hay muchas: la niña abandonada, la aspirante temerosa, la amante desesperada, la actriz brillante que nunca fue tomada en serio, la mujer que aprendió a encarnar el deseo de los demás sin saber cómo desearse a sí misma. Lo que hace a la novela tan demoledora es que Oates no nos deja escapar con excusas como "así era la época" o "así funciona la fama". No. Blonde nos pone frente a nuestra propia culpa.
Porque si Marilyn Monroe existió, fue porque el mundo la necesitó. Y si dejó de existir, fue porque el mundo dejó de necesitarla.
La escritura de Oates en esta novela es febril, poética, inmisericorde. La estructura fragmentada no es un capricho: es el reflejo de una identidad rota. Pero no es solo Marilyn la que se deshace en pedazos aquí, también lo hace la narración misma. Hay momentos en los que la voz de Norma Jeane parece desvanecerse y, en su lugar, irrumpen otras voces con su propia versión de los hechos. Hombres que creen haberla entendido, que proyectan en ella lo que desean ver, que hablan por ella en un coro de ecos deformados. Es una historia contada como un sueño febril, un rompecabezas en el que siempre falta una pieza. Porque, al final, ¿quién tiene derecho a completar su historia? ¿Oates? ¿Nosotros? ¿Hollywood?
Leer Blonde es como ver una película que se derrite en la pantalla, que avanza y retrocede sin darnos el control del mando. Nos mete en la cabeza de Norma Jeane y nos obliga a vivir su confusión, su vértigo, la sensación de estar atrapada en un personaje que ya no puede abandonar.
Pero no nos engañemos: aquí Hollywood no es solo un escenario, es un depredador. Es la gran bestia que se alimenta de cuerpos jóvenes y los escupe cuando han perdido su brillo. La novela no deja dudas sobre el poder de la industria para fabricar ídolos, explotarlos y luego destruirlos con la misma indiferencia con la que cambia la cartelera. Y eso es lo más perturbador de todo: que la historia de Marilyn no es solo la historia de Marilyn. Es la historia de un sistema que sigue funcionando exactamente igual. O, en sus propias palabras: “Yo no era una vagabunda ni una puta. Sin embargo, querían verme de ese modo. Supongo que no podían venderme de ninguna otra manera. Y yo entendía que tenían que venderme. Porque entonces me desearían y amarían.”
Sabemos cómo termina la historia. Pero Oates logra lo imposible: que el desenlace nos golpee como si no lo supiéramos. Porque cuando llegamos ahí, ya no estamos viendo a Marilyn Monroe. Estamos viendo a Norma Jeane. Y lo peor de todo es que, en el fondo, sabemos que nunca tuvimos la oportunidad de conocerla. No porque ella no quisiera mostrarse, sino porque nosotros nunca estuvimos dispuestos a mirar.
¡Ah, que has visto la película de Blonde en Netflix con Ana de Armas! Y piensas que ya conoces la historia, ¿verdad? Bueno, déjame decirte algo: la novela de Joyce Carol Oates es un animal completamente diferente.
Mientras que la película ofrece una interpretación visual impactante, la novela te sumerge en la psique de Norma Jeane de una manera que ninguna pantalla puede capturar. Oates te lleva por un viaje literario que desentraña las múltiples capas de identidad, explotación y mito que rodearon a Marilyn Monroe. Es una experiencia íntima y desgarradora que te hace cuestionar todo lo que creías saber sobre este icono. Si la película te dejó con preguntas o ganas de más, la novela Blonde es la llave para profundizar en el verdadero laberinto que fue la vida de Norma Jeane. No te conformes con la superficie; adéntrate en las páginas y descubre la complejidad que solo la pluma de Oates puede ofrecer.
Así que, a estas alturas, seguramente te preguntarás: ¿vale la pena leer las casi 1.000 páginas de Blonde? Pues mira, sí, pero solo si estás dispuesto a dejarte sacudir. No es una lectura ligera ni amable. Es un puñetazo disfrazado de novela. Pero si alguna vez has sentido fascinación por la historia de Marilyn Monroe o por el lado oscuro del sueño americano, esta es una de las novelas más perturbadoramente hermosas que puedes leer.
Así que sí, Blonde vale la pena. Porque al final, aunque Marilyn Monroe nunca haya existido, Norma Jeane sí. Y aunque esta no sea su historia con precisión documental, es quizá la más verdadera en lo que realmente importa: el abismo emocional de una mujer atrapada en su propio reflejo.
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Blonde.
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Reading Progress
September 5, 2020
– Shelved
September 5, 2020
– Shelved as:
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August 14, 2022
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Started Reading
August 25, 2022
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Finished Reading
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Kansas
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rated it 5 stars
Mar 06, 2025 07:25AM
Estupenda reseña, tal como dices, todo un puñetazo. Quizás la novela más grande de las que ha parido JCO.
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flag
Kansas wrote: "Estupenda reseña, tal como dices, todo un puñetazo. Quizás la novela más grande de las que ha parido JCO."¡Gracias, Kansas! Sí, es un puñetazo en toda regla. Oates ha escrito muchas novelas formidables, pero pocas tan ambiciosas y demoledoras como esta. Es de esas que te dejan tambaleando un buen rato después de cerrar el libro. ¡Saludos!


